¿Nostalgias o Delicias?

Son notables las nostalgias que vienen tan arraigadas en el libro impreso. Algunos ligan este sentimiento a la lectura en voz alta (que en realidad fue previa a la imprenta) y que se siguió ejerciendo hasta entrado el siglo XX. Pero otras tienen que ver con las nostalgias de la textura de las hojas, la suavidad del papel de arroz (que está a punto de extinguirse), o del olor que desprenden (pocos naturales y mucho producidos químicamente.) Otros tienen nostalgia de tener entre sus manos un objeto duro, con contornos definidos y que les ofrezca algún indicio de propiedad.

No sobra recordar que en los primeros tiempos de la imprenta imperaron muchos críticos y oponentes. La nostalgia giraba alrededor de la belleza de las caligrafías de los manuscritos. Y tenían razón. Yo hubiera tenido la misma nostalgia. Incluso entiendo que algunos de los primeros libros impresos se reprodujeron en pergaminos y con tipos de caligrafía que recordaban al manuscrito. Eran nostalgias válidas, hay que decirlo.

Para algunos el impreso iba contra el proceso de memorización que siempre fue importante, para otros leer un libro impreso era una manera “artificial“ de lectura. No obstante ya el mundo del siglo de las luces consolida (si hacía falta) el libro impreso.

Alguna parte de la historia se resolvió porque Lutero se pudo sobreponer a la exquisitez de leer sólo biblias iluminadas. Como se sabe, la impresión de la biblia  fundamentará su reforma, en la medida en que permitirá acceder a su lectura. En algún lugar de su espíritu guardaría la nostalgia de biblias manuscritas e iluminadas.

Lo cierto es que la impresión de la llamada “Biblia de las 36 líneas” de Gutenberg terminó por imponerse. En esa misma línea, muchos reyes y emperadores tampoco sucumbieron a esas nostalgias del manuscrito, y su respaldo a la imprenta   – y por esa vía – a una cierta secularización de las bibliotecas, supuso un respiro y la apertura de un gran horizonte. (Es el caso de por ejemplo de Carlos III a pesar de la añoranza, estado del alma tan español). Debo decir que todas esas nostalgias me encantan. Unas más que otras, algunas las disfruto y las ejerzo.

Sin embargo también quiero decir que el ebook, e-libro o libro digital me ha seducido. Encuentro divertido decir que para alguien como yo, que tengo todos los años del mundo y que no entro ya en ninguna encuesta por exceso de edad, el ipad es mi gran compañero. Tengo a mi mano todos, TODOS mis libros. Los académicos que siempre consulté porque están en las bases de datos. Pero sobre todo tengo allí toda la literatura que quiero. Nada me resulta más delicioso que cambiar el tamaño de las letras, cuando estoy cansada de los anteojos. Cambiar el fondo cuando estoy leyendo y empieza a oscurecer. Cuando duermo acompañada y quiero seguir leyendo, no requiero de luz, y con el IPAD no se produce una luz horrible que moleste al otro.

Para mi ahora leer es explorar por todos los intersticios que supone un ebook. Adoro abrir links que me reenvían  a todo el universo de la red, cosa que echo tanto de menos en el impreso. Como dice Serres, en los libros impresos se camina y en el ebook se surfea.

He llegado al punto en que necesito que al leer, se me permita navegar hacia aspectos que no están en lo lineal o literal. Esos beneficios de búsqueda que me ofrece el ebook (el verdadero, no el pdf del impreso) son ahora requisitos deleitables para mi. Pero también cosas más simples.  Por ejemplo cuando leo novelas, resalto partes que me encantan o copio en otro archivo para acordarme, sin tener que buscar un lápiz. Disfruto poder compartir inmediatamente con alguien, partes del texto que estoy leyendo, ese placer enriquece y aumenta el gusto de la propia lectura.

Además puedo subrayarlo y luego borrar y no pasa nada. Todo esto, sin el menor esfuerzo, todo lo puede hacer desde allí, desde el Ipad, apenas moviendo los dedos, desplazándolos por el teclado. Definitivamente es lo último que tengo entre mis manos al dormirme y lo primero que alcanzo en la mañana, con el primer café.

¿Sobrevivieron los manuscritos e iluminados a los libros impresos?

Bueno, pues siempre se puede argumentar que las bibliotecas valen por los incunables que tengan. La historia es irregular y no evoluciona de manera lineal. Eso lo sabemos. Ella se desarrolla en ires y venires, pasos hacia adelante y pasos hacia atrás. Lo cierto es que ese camino desconocido puede ser explorado con o sin nostalgias, pero siempre será delicioso asomarse al futuro. No me afecta que se diga que las ventas de los ebooks han detenido su ascenso.

Por | 2017-04-26T11:38:56+00:00 abril 26th, 2017|blog|1 comentario

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Un comentario

  1. John Aníbal 26 abril, 2017 en 1:34 pm

    Me encuentro totalmente identificado con los argumentos a favor del e-book. Especialmente hoy lo primero que empaqué en mi maleta de mano fue mi Kindle, que siempre me acompaña en mis viajes. Tener acceso a mi biblioteca virtual mientras voy camino a la U o a otra ciudad, me permite seleccionar el libro que quiero leer, releer o simplemente revisar, en el momento que lo necesito y de acuerdo con mis intereses o incluso estados de animo. Por otro lado, esa cualidad que tiene el ebook de incluir hipervínculos también invita a hacer esas lecturas erráticas que tanto valoro mientras viajo. Aunque eso depende del acceso que tenga a Internet, pues no siempre hay zonas wifi donde me encuentro (una razón más para exigir más inversión estatal en redes públicas de internet).

    Lo de la nostalgia lo entiendo, yo mismo tengo ese fetiche por el libro impreso. Pero los fetiches, como cualquier placer, suele ser costoso e implica sacrificios adicionales. Como por ejemplo, esperar a que llegue el libro a la librería más cercana, o que sea enviado por correo a la casa. Eso sin pensar en el costo adicional que hay que pagar por el impreso.

    Adicional a la nostalgia por el libro impreso, también puede existir una nostalgia por la biblioteca en casa. Que siempre será un espacio para que otros exploren, a veces fortuitamente, nuestros gustos literarios, los apuntes al pie, dedicatorias… Todo esto también es posible actualmente con las bibliotecas virtuales, aunque con ciertas restricciones que dificulta compartirlas con otros. En la medida que las redes sociales integren aun mas a los ebooks, estas incursiones en la mente de los otros que permite la biblioteca en casa, serán más sencillas de hacer con las virtules.

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