“No hemos tenido tiempo para el dolor”

Frase tomada de una víctima de la masacre de Bojayá

A manera de Prólogo presentamos aquí apartes de una entrevista con Ángela María Robledo*, en la que desarrolla algunos de los tópicos que se abordan en el libro. Ella los pone en relación con la perspectiva de reconciliación que se está abriendo camino en el país.

* Ángela María Robledo es una psicóloga, que luego de ocupar altos cargos dentro de la comunidad psicológica se desempeña hoy en día como Representante a la Cámara por el Partido Verde en Colombia

¿Como reconstruir la confianza con quienes han sido las víctimas del conflicto?

En una invitación que me hizo el nodo de Manizales del Colegio Colombiano de Psicología, arriesgué una hipótesis sobre el papel del psicólogo en lo que se llama la justicia transicional. Dado que dicha justicia tiene cuatro elementos fundamentales: verdad, justicia, reparación y condiciones de no repetición, éstos elementos interpelan profundamente el trabajo de psicólogos y psicólogas. Y lo digo porque son dimensiones que tienen que ver con la reconstrucción de la confianza base fundamental de toda de intervención y acompañamiento psicosocial. ¿Cómo producir confianza o reconstruir confianza y desde donde construirla? Esa cuestión será fundamental en la tarea de los psicólogos colombianos.

La tarea que enfrenta el psicólogo es producir confianza en personas que padecieron a causa de un Estado que se alió con mercenarios para todas estas prácticas de exterminio y desalojo. Un Estado que ha privilegiado los intereses de unos pocos y en especial en los territorios de la Colombia profunda. Un Estado que permitió que la violencia fuera la forma como los subversivos, los rebeldes buscaran el poder acudiendo al uso de las armas.

Digo que concierne a la psicología, porque no sólo compromete los procesos cognitivos, como puede ser una de las formas de acercarse a la memoria, sino porque considero que hacer memoria también es proceso política, afincado a su vez en las emociones, los argumentos y los intereses.

La justicia transicional y la condición de las víctimas no es un asunto solamente de abogados, de políticos, de servidores públicos sino que es un asunto que le compete a las ciencias sociales: psicólogos, antropólogos, sociólogos, trabajadores sociales. Porque quizá solo en ese espacio de atención psicosocial, ya sea individual o colectiva, se genera la empatía que es nuestra clave para trabajar con el Otro. No hay que olvidar, como se afirma en muchos de los textos del psicólogo Ignacio Martí Baró: la guerra también afecta profundamente el ámbito de nuestras relaciones interpersonales e intergrupales, es tarea del psicólogo acompañar la resignificación de dichas relaciones e identificar los recursos que hayan podido aflorar en estas situaciones límite.

¿Cómo enfrentar la cuestión de la verdad?

Yo creo que la verdad y la memoria son dos procesos profundamente políticos. Hemos dicho que trabajar por la memoria, la verdad, las condiciones de no repetición, la reparación integral, son la tareas fundamentales. Pero si no hay una presión enorme desde las comunidades, si no hay otras verdades distintas a las verdades oficiales, si no hay empoderamientos que exijan que se diga la verdad, esta no va a aparecer. Si no hay un ejercicio muy fuerte del ámbito de los micro-poderes, no vamos a conocer qué fue lo que nos pasó. Es necesario conocer y hacer emerger la verdad de las organizaciones sociales, en sus distintas expresiones: la verdad de las mujeres, de los viejos, de las comunidades Afro, de los pueblos indígenas. Todos ellos son ejercicios de una política más representativa, por fuera de los grandes poderes. Este tema de la verdad está atado el tema de justicia.

La base de este proceso es enfrentar las condiciones de la verdad. Quienes piden conocer la verdad son las víctimas directas de este conflicto armado. Ellas no consideran que la verdad les puede hacer daño. No se puede permitir el silencio ni la distorsión de la verdad, ni tampoco las justificaciones de la violencia. La salida, lo repito de nuevo, es política, y el hecho de decir que la salida es política, significa que toca directamente nuestras formas de ser y estar en el mundo. La política entendida como una forma de estar en el mundo, una forma de mirar el mundo, una forma de relacionarme con el otro, con la otra, por eso reitero que es un hecho profundamente psicológico.

Para comprender a quienes se oponen a la verdad es necesario entender que hay una economía de las emociones. Unas emociones que predominan sobre otras, y entre ellas el odio, que tiene una capacidad de atracción sobre otras emociones. Es una emoción que nos impide incorporar matices, tonos de gris para valorar lo vivido. Creo que ese es un enorme reto de la investigación en Colombia: hay tantos resentimientos, tantos dolores, tantos duelos congelados en el tiempo, tanta rabia humillada… Entonces hay que abordarlos y trabajarlos, reconocer lo que ocurrió, quizá reconocer la dosis de responsabilidad diferencial que tenemos todos, colombianas y colombianos, de entender y reconstruir la verdad.

Ahí emerge la dimensión política de la atención psicosocial, que quizá es el más interesante de los aportes que puede hacer la psicología hoy en nuestro país.

Vuelvo a lo que en nuestro trabajo ha significado ese ritual del encuentro con el otro, ese entrañable encuentro con el otro. Es necesario conocer su historia, saber de dónde viene, que dolor le aqueja, y por esa vía conectarse no sólo con su historia, sino con la historia de nuestro país. En este trabajo del psicólogo hay una dimensión profundamente política y eso será muy importante en esta fase que atraviesa el país. A propósito de esto, recuerdo y recomiendo esta hermosa pieza elaborado por Centro Nacional de Memoria Histórica llamado “No hubo tiempo para la tristeza”. Esa es una pieza hermosísima para los psicólogos. Que un viejo en Bojayá nos diga “es que no hubo tiempo para la tristeza, es que nosotros no hemos tenido tiempo de llorar a nuestro muertos”, eso es un hecho cargado de emociones, de dolor, que nos narra lo que significa quedar por esta guerra suspendido en el tiempo.

Hay que entender que nuestra historia, nuestra verdad, no va a depender de la historia oficial y de la verdad de los poderosos, de los empresarios, de los militares, también va a depender de muchas verdades expresadas por cientos, por miles de víctimas y por sus victimarios .

Hubo comisiones de la memoria como la de Guatemala, que no tuvo ninguna implicación en el mundo jurídico, y otras como la del Salvador, que poco a poco fue abriendo espacio para la verdad, y así cerrar heridas, propiciar la catarsis.

A un país que no cierra sus heridas, tarde o temprano se le vuelven a abrir. Hay ejercicios interesantes en Irlanda, en Filipinas, y vale la pena resaltar el papel que han jugado las mujeres en esta tarea de resarcir tanto dolor. Ejemplos como el del Congo valen la pena Hay tantas cosas para aprender, para explorar, para conocer Es el momento de echar mano de todos los recursos de nuestro pueblo: nuestra condición de mestizaje ,los saberes ancestrales, de los pueblos indígenas, de los comunidades Afro…

¿Cómo entender el lugar y la relación de las víctimas y victimarios en este conflicto?

Frente al holocausto de su pueblo Hannah Arendt se preguntó muchas veces ¿cómo permitimos que pasara lo que pasó?, ¿cómo permitimos que algunos judíos se involucraran en el holocausto? ¿cómo logar reconciliarnos con el mundo? Su respuesta fue contundente: comprendiendo lo vivido y enfrentando el horror causado (El resplandor de lo público en torno a Hannah Arendt).

La verdad está profundamente atada a la memoria y a la confianza, bases de un proceso de atención psicosocial. No hay que olvidar que Colombia pasó en medio de una guerra del siglo XIX al XX y luego del siglo XX al siglo XXI con otra guerra. Hemos vivido de guerra en guerra, guerras que han habitado todos los territorios. Desanclar las subjetividades de la guerra será una tarea monumental. Comprender lo vivido para poder perdonar y reconciliarnos también lo será. Por ello invito a conocer el documento sobre la comisión de verdad y esclarecimiento del conflicto armado en Colombia, donde encontraremos claves importantes para entender la dimensión de nuestra tarea. Documento recientemente publicado en el marco de las negociaciones de paz entre el gobierno nacional y las Farc-ep.

Crear espacios para la comprensión, nos dice Hannah Arendt nos permite humanizar al enemigo. Ese mirar al otro, abrirse al otro, ayuda a salir de esa binariedad de lo bueno y lo malo, salir de ese sentir que de este lado estamos los que pensamos igual, los que vivimos igual, nosotros los buenos y que en el otro lado están los malos. Quizá mirarnos en tonos grises, no tan buenos nosotros, no tan malos los otros, ayude a romper esas relaciones tan antagónicas. El gran reto está en pasar de estas relaciones antagónicas que rompen la posibilidad de la mirada del otro, a una perspectiva mucho más agónica, más compleja, de diálogo, de debate.

Es necesario crear un ámbito de interacciones, un nuevo clima que tiene que ver de manera más profunda con el reconocimiento del otro, dejar de ver al otro, a la otra, como mi enemigo.

Parte de lo que se busca en la guerra, en términos psicológicos, es convertir al otro en el antagónico, en el enemigo, y no en el adversario como ocurre en una democracia, donde el otro es distinto, piensa distinto, actúa distinto, y yo puedo vivir, convivir con él. La guerra nos muestra que a ese otro, distinto por su piel, por su condición social o por su ideología, lo que tengo que hacer es exterminarlo. Ese es un reto enorme para la psicología, un hecho profundamente psicosocial que tiene que tiene que ver con el ámbito de mis interacciones, de mis valoraciones del otros. El trabajo de atención psicosocial nos puede ayudar a valorar la diferencia, a no temerle.

La propiedad de la tierra ha estado en el corazón del conflicto colombiano .La reciente ley 1448 de restitución de tierras en lugar de facilitar el acceso a la tierra a quienes fueron despojadas de ella, puso la carga de la prueba en muchas ocasiones sobre las victimas y no sobre los victimarios, propiciado un nuevo hecho de victimización [de 2011], que es un poco lo que pasa con las mujeres víctimas.

En el tema de la justicia transicional las preguntas por los mayores responsables van a formularse no sólo en términos de quienes fueron los grandes determinadores de este conflicto , sino en las condiciones subjetivas que propiciaron acudir a la violencia para acceder al poder. Y los mayores responsables estarán no sólo en las filas de la guerrilla, sino entre los militares, los  arapolíticos y los actores económicos en esta guerra. En una reciente conferencia del Comisionado de Paz, Sergio Jaramillo denuncio que cerca de “trece mil comerciantes, ganaderos y empresarios fueron corresponsables del conflicto en Colombia, en especial a través de la financiación a los grupos paramilitares. La pregunta es, ¿qué va a pasar con ellos? ¿Nos imaginamos a algunos de los dueños de los grandes grupos económicos que dicen que compraron tierras despojadas en la cárcel? ¿Irán los generales responsables de las desapariciones extrajudiciales? ¿los integrantes del Secretariado de las Farc–Ep pagaran penas en la cárcel? Quizá ningunos de ellos pague cárcel. ¿Qué pasara con los derechos de las víctimas?  http://www.altocomisionadoparalapaz.gov.co/Documents/La%20transición%20en%20Colombia.pdf

Entonces, ahí es donde el tema de estos cuatro componentes de la justicia transicional va a volver a jugar un rol fundamental para la reconciliación . Las FARC han dicho: vamos a reconocer una responsabilidad, seguramente el ELN también lo hará, si se formaliza la mesa de negociación , pero lo han dicho, nosotros no somos los únicos responsables…

Entonces ¿cuáles van a ser las narrativas que van a quedar?, ¿cuáles son sus explicaciones? Ellos (los grandes determinadores) ¿van a concurrir a la Comisión de la Verdad? ¿Van a contar sus historias? ¿O solamente se les van a exigir a los subversivos?

¿Cómo ve ud la recuperación de las experiencias de quienes han padecido las atrocidades de la guerra?

El lugar del conocimiento y la ciencia en ese mundo de la política es fundamental. También el arte ayudará a construir las distintas narrativas, y ahí entendemos que las microhistorias son fuentes de los procesos de atención psicosocial. La verdad es que la política se juega en los redes de los micropoderes, en las interacciones con el otro o con la otra, es en los micro-poderes donde nos jugamos la posibilidad real de la política. Yo sí creo que en esas micro-historias o micro-biografías, que no por micro no tienen poder, tenemos que reconocer que la psicología y los psicólogos tienen un rol fundamental para darle visibilidad y potenciar eso que parece tan pequeño, pero que a la hora de la verdad es tan potente.

Para los psicólogos de hoy en día un texto obligatorio, sería el informe del Centro Nacional de Memoria Histórica : Basta ya Colombia: memorias de guerra y dignidad. En dicho informe podemos conocer el origen y la dimensión de este conflicto armado. Cuáles han sido sus escenarios , sus máximos responsables, sus afectaciones sobre la población civil y ratificar una de las características de las guerras contemporáneas y es que éstas son máquinas de victimización de la población civil, y en menor medida enfrentamientos entre combatientes. De cada diez víctimas en Colombia ocho han sido campesinos y campesinas.

Creo que para humanizar a ese otro y comprender qué fue lo que nos pasó, cómo se logró banalizar el mal de esa manera, hay que entender mucho más sobre las raíces económicas, políticas, sociológicas, psicológicas y culturales de este conflicto. Recomiendo leer esos 12 informes de la historia del conflicto.

Desafortunadamente no se puede dejar de lado el papel que ha jugado el narcotráfico ¿Cómo lo ve ud?

El narcotráfico ha permeado todas las esferas de la sociedad colombiana. El narcotráfico fue la opción para muchas personas y grupos, sobre todo para jóvenes pobres de las ciudades, donde éste fue su oportunidad de vida y también la condición de su muerte. Hay que entender que el narcotráfico es un fenómeno transnacional. De los tres documentos parciales de los acuerdos de la Habana, donde encuentro un saber más técnico es en el de usos de cultivos ilícitos. Con diferencias semánticas, las Farc hablan de los cultivos de uso ilícito, mientras el gobierno lo nombra la problemática como drogas ilícitas y esto nos muestra la perspectiva con la cual cada lado de la mesa aborda la problemática. Nosotros sabemos que el lenguaje es fundamental, la dimensión política del lenguaje es clave. Uno descubre ahí la dimensión diferencial del narcotráfico, una cosa son los cultivadores de coca en la región Catatumbo y en el Putumayo, que son familias campesinas, donde en la mayoría de ellas en su cultivo participan mujeres, y otra dimensión de la problemática son los propietarios de los grandes cultivos. Ahí también la perspectiva de un psicología crítica , nos ayuda a abordar estas problemáticas en su reala complejidad, para evitar la criminalización de problemas sociales o simplificación en sus análisis , porque en la forma de nombrar los problemas o se está criminalizando, o se está simplificando o se está generando determinismos [ya sea] económicos o políticos o sociales … No hay que olvidarse que hay unos grandes narcotraficantes , y con ellos por supuesto se trata de un asunto de criminalidad y delincuencia y otra es la situación y las alternativas para las familias campesinas cultivadoras de coca. Pero quisiera señalar que otro problema tan grave como los grandes cultivos de coca, hoy en día son los Los grandes cultivos de la palma africana. Zonas como las del Tibú donde se kilómetros y kilómetros de cultivos palma africana, que destruyen la capa vegetal por décadas.

Las tareas de los psicólogos

Los psicólogos y las psicólogas en este país están haciendo muchos trabajos, quizá la guerra ha sacado lo más oscuro de los colombianos y las colombianas, pero también las cosas más maravillosas. Hay muchos psicólogos y psicólogas haciendo trabajos muy importantes, en muchos lugares de Colombia, y quizá parte de lo que podríamos hacer, desde nuestras asociaciones, desde ASCOFAPSI, el Colegio de Psicólogos, es hacer ese reconocimiento minucioso y sistemático de todas estas iniciativas de nuestros colegas.

Así como la guerra ha sacado lo peor, también ha sacado lo mejor de muchos colombianos y colombianas, y la tarea ahora es reconocer esas tareas porque ahí, en esas resistencias, en esas experiencias innovadoras están las reservas éticas para salir de este conflicto, quizá repito sería muy importante hacerlas más visibles.

Se viene un enorme reto y creo que es posible cumplirlo, no partimos de cero. Hemos producido, y mucha gente está actualmente produciendo, aportando experiencias y conocimiento. Quizá también es el momento de mirarnos con un poco de humildad, mirarnos más allá de lo significado que muchas universidades hayan impuesto una racionalidad empresarial para evaluar los trabajos de investigación e intervención de las comunidades investigativas para adelantar trabajos de relevancia social en un país como Colombia que aspira salir de esta guerra entre hermanas y hermanos.

Se avecinan otras revoluciones, no las armadas, otras revoluciones donde el conocimiento es fundamental, porque se corre el riesgo que si no hay conocimiento y saberes, se hagan revoluciones dogmáticas, en un país que ha vivido entre el autoritarismo, las hegemonías y las exclusiones, en todos los niveles y todos los sectores.

La formación del psicólogo

Hay un núcleo duro de lo que ha sido la disciplina como tal y una tensión de entrar en relación con otras disciplinas sin diluir el saber psicológico. Es urgente poder entender mucho más las raíces históricas, sociológicas, psicológicas y culturales de este conflicto y comprender el país en el cual nos ha tocado vivir

Los psicólogos debemos saber de historia de Colombia, de la historia, de geografía, saber más filosofía, tener también unas muy buenas bases biológicas y sólida formación ética.

A propósito de nuestro tema : atención psicosocial, el psicólogo tendría que saber sobre justicia transicional. ¿Cómo hago yo para trabajar con una comunidad en Mapiripan, lugar donde ocurrió una de las masacres más atroces, si no sé a dónde estoy llegando, cuál es ese territorio, cuáles son las fuerzas políticas, con quienes voy a trabajar? Es ahí donde nuestro saber psicológico encuentra su lugar. Allí debo lo que aprendí en mis clases de psicología clínica, de psicología social, en mis clases de neuropsicología, de ética, de biología, porque quizá todo eso me va a servir. No diluyo el saber psicológico, pero hay que contextualizarlo y de esa manera logremos potenciar nuestro trabajo con esta comunidad.

Pensando en el postconflicto hay en algunos sectores preocupación por la criminalización de la protesta social, ¿cuál es su opinión?

Sobre el tema de la criminalización de la protesta social no hay que olvidar que una de las razones por las cuales hace más de cincuenta años se crean algunas de las guerrillas en Colombia, es ante la imposibilidad de lograr otro tipo de participación política distinta a lo que se pacta en el Frente Nacional entre liberales y conservadores.

En esta criminalización de la protesta social, hay una gran responsabilidad de los grupos insurgentes, quienes en sus relaciones con comunidades campesinas han terminado por comprometerles en algunas de sus acciones. Por ello es urgente salir de esta guerra. Pactar lo que llaman algunos autores la paz negativa, es decir el silencio de los fusiles, de las bombas, de todo esto, para proteger a la población civil en lugares como el Cauca, como el Putumayo, como el Huila y como el Catatumbo, como Nariño. Para que desaparezca como lo dice el Profesor Medófilo Medina, el concepto del infiltrado que heredamos de la Guerra Fría. Y para que cada que oímos que algo pasa en el Catatumbo, o con los estudiantes de la Mane, o con el movimiento las batas blancas, la movilización de los médicos, no se diga que están infiltrados por la guerrilla, sino que se reconozcan como verdaderas movilizaciones por la reivindicación de derechos humanos en Colombia. No sólo hay que terminar la guerra, hay que terminar con la persecución a las organizaciones sociales, a sus líderes y a sus lideresas.

La entrevista más completa puede verse en la pagina https://youtu.be/9jcn01GDudo.

By | 2015-09-22T19:31:32+00:00 Septiembre 22nd, 2015|blog|2 Comments

About the Author:

2 Comments

  1. De esa forma tenemos una idea de qué se está buscando”, reitera.

  2. nicolas 29 Octubre, 2015 at 11:58 am

    Gracias.

Leave A Comment